lunes, 28 de enero de 2008

Teruel. Marcha Cicloturista Los Degollaos




Teruel es una provincia de bellas tierras tan olvidadas por muchos como queridas por otros, pero de un tiempo a esta parte este “olvido” se está subsanando, en buena parte, gracias al cicloturismo que nos está mostrando como un gran escaparate esta zona del Bajo Aragón y sus hermosas comarcas: Maestrazgo, Cuencas Mineras, Andorra... con sus sierras, puertos, carreteras con curvas pero con poco tráfico, con frío, con calor, perfiles que asustan y entusiasman a los ciclistas más atrevidos: un paraíso casi virgen para disfrutar con la bicicleta.


Y si hay que destacar una entidad que lo está consiguiendo no es otra que el Club Ciclista Somontano Turolense de Andorra (no confundir con el País de los Pirineos...), cuyos integrantes los veteranos José María Roquetas (Roki), Cesario Dolz o Andrés (del Hostal-Venta La Pintada de Gargallo) y unos cuantos amigos más se unieron hace unos pocos años (2003) bajo esta denominación para definir la tierra que conforma el paso previo a la montaña turolensa y por tanto no hay que confundirla tampoco con la comarca oscense.

Estos aficionados al ciclismo, y durante los años 90, empezaron a participar en las marchas cicloturistas más duras, y para prepararlas qué mejor forma que los puertos que ya empiezan a ser míticos de la zona: Majalinos, Villarroya, Cuarto Pelao, y sobre todo Degollaos... son nombres que ya “suenan” entre los cicloturistas, y sobre todo éste último que da nombre a la marcha ciclista que año tras año organiza nuestro Club personaje de hoy, una prueba reconocida en el calendario nacional con un prestigio ganado y muy selectiva, que se codea ya con las grandes de este país y sólo superada en la región por el gigante Quebrantahuesos, que es mucho decir, y son muchos los participantes que incluso opinan que la supera en dureza.

UN CLUB FAMILIAR

El Club Ciclista Somontano Turolense es una sociedad modesta con poco más de 10 socios que se juntan todos los fines de semana para salir a pedalear y charlar por estas tranquilas carreteras sin horarios ni rutas establecidas ni calendarios ni nada que se les parezca, simplemente quedan y salen, improvisando la excursión que nunca excederá de unos 70-80 km.

Pero cuando llegan los meses de abril y mayo el Club también se transforma en un gigante y así Roki y sus amigos se ven acompañados por un grupo humano de más de 70 personas –ciclistas y aficionados la mayoría de ellos-, que se desdoblan en tareas de control de salida y llegada, señalización, asistencia médica y mecánica, avituallamientos, coches de apoyo, de enlace, escoba... para organizar una nueva edición de Los Degollaos.
Después vendrá la limpieza del circuito y recogida de la basura generada por la prueba: botellas, desperdicios, papeles, latas, etc., porque no olvidemos que la marcha pasa por el Parque Cultural del Maestrazgo e instituciones como la propia Comarca del Maestrazgo, la Comarca de Andorra Sierra de Arcos y empresas particulares (Caja Rural de Teruel, SADISA y Hotel Venta La Pintada, la tienda de bicicletas Unionbike) son las que les apoyan y financian.

Pero el Club no sólo organiza Los Degollaos, también se encarga de organizar una prueba de bicicleta de montaña: la subida Venta la Pintada-Majalinos, con un recorrido de 40 kms por sendas y caminos de esta zona del Maestrazgo y conocida por algunos beteteros de la zona como la “Rompechulos” por las subidas duras que atraviesa.

Además de todo esto, el Somontano Turolense colabora y está en presente en cuantas actividades organizan otros clubes ciclistas de la zona y acompañan a grupos que vienen a entrenar o de excursión a estas tierras a lo largo de todo el año, ejerciendo de perfecto anfitrión.

Si os habéis preguntado alguna vez por el terrorífico nombre de la marcha os podemos decir que se debe al Barranco de los Degollados, que según explica uno de los famosos cuentos de la zona, narra la turbulenta historia de una pareja asesinada, degollada, y arrojada al barranco.

Pero no os dejéis intimidar por una leyenda rural y de la mano de Roki y sus muchachos venid y admirad la bella localidad de Fortanete, el puerto de Cuarto Pelado, Villarluengo y sus célebres formaciones rocosas los “Órganos de Montoro”, los hermosos ríos Guadalope y Pitarque, y comprobad, como dice el eslogan, que Teruel Existe.


Fotos Órganos de Montoro cortesía Daniel Caravaca
Edición 2008: La fecha prevista para la 11º Marcha Cicloturista internacional de los Degollaos es el 26 de Abril de 2008

CRÓNICA DE LOS DEGOLLAOS 2009
Publicado en Pedalier 30


PIEDRAS, BUITRES Y VIENTO
“Es Teruel tierra recatada y grave. Su atmósfera seca y luminosa, subraya el rigor de las viejas piedras” (Néstor Luján)
Acabo de llegar y ya estoy deseando volver. He quedado encantado de esta tierra y sus gentes, aunque suene a tópico, pero es cierto, he disfrutado de un recorrido de ensueño, pedaleando por carreteras perdidas, escondidas entre recovecos, muelas y gargantas, abriéndose paso entre la roca de las montañas. Sí, lo reconozco, nunca había estado en Teruel, nunca había tenido esta gran suerte de poder disfrutar de estas comarcas, una maravilla para los que nos gusta disfrutar de la bici… y sufrir con ella.
Era una deuda pendiente. Había oído hablar de sus excelencias, de su bello y duro recorrido, de su organización, muy familiar, y por fin lo he podido comprobar.
-“Escribe que no hace falta que suban hasta Roubaix o Flandes para disfrutar de una clásica, que vengan aquí” –me dijo Roki, no sin razón.
Efectivamente, los cicloturistas se podrán quejar –nos podremos quejar- del estado de muchas de las carreteras por las que discurre la prueba, pero forma parte también del encanto de los Degollaos: pavimento descarnado, baches, gravilla, terreno “botoso”… donde realmente sufres, agarrándote a la bici, pero con la emoción de ir sorteando dificultades, con temor en los descensos, aunque esto es muy relativo, y cada uno es responsable de bajar prudentemente o de hacerlo de forma temeraria –bajando Villarroya se alcanzaron fácilmente los 80 km/h-, lo cual ni es entendible ni inteligente, ni estamos corriendo una carrera ni cobramos por ello, por mucho que algunos pretendan demostrar lo contrario.
Y es que es curiosa la naturaleza humana del cicloturista, siempre predispuesta a sufrir, a sufrir… y a disfrutar con este sufrimiento en forma de puertos, descensos y… viento, mucho viento, como el que padecimos en Villarroya, donde nos azotó de lo lindo. Sin embargo frío, como suele hacerlo y mucho en esta tierra, y por estas fechas aún, pues no hizo, aunque vimos ¡nieve! en las cunetas de Majalinos, curiosamente en un día radiante, con buena temperatura y sol, aunque a veces se cernían sobre nosotros nubes desafiantes, que quizás hacían sospechar que, seguramente al final, sí tendríamos que utilizar el chubasquero con el que prácticamente todos salimos cagados con él, a nuestras espaldas. Perdón, quise decir “cargados”. El día antes nos habían metido el miedo en el cuerpo a todos con una previsión de un 80-85% de probabilidades de lluvia y 5ºC a la hora de la salida, a mil metros de altura en nuestra querida Venta La Pintada. Suerte que se equivocaron en la previsión, o al menos se adelantaron, porque realmente sí, al día siguiente llovió y mucho, e hizo frío, mucho también.
En otras, eran los buitres los que con sus vuelos “ensombrecían”, amenazantes, el cansino paso de los más rezagados, sobre todo subiendo el último puerto de los Degollaos.
-“¿Será en ese barranco donde degollaron a la pareja que narra la leyenda de la zona?” -me comenta uno de los participantes.
La marcha no empezó demasiado bien para mí. El hecho de poder ver por la ventana el punto exacto de la salida, me hizo confiar en exceso en que tenía tiempo de sobras para prepararme con tranquilidad. Craso error. Un “pequeño” problema con el dorsal –se rompió al ponerme el maillot- me entretuvo lo suficiente como para ser de los últimos en ponerme en marcha. Encima, saludando a uno y otro no me di cuenta que no había pasado por la alfombra con el chip, para el control del tiempo. Anda que si lo llego a saber, tiro el dorsal y el chip a la basura. Total que, doble sofocón, volver a la meta y encarar de nuevo la graciosa rampa de salida, al 8%, que llevaba viendo toda la tarde anterior con admiración (-¿Por ahí tenemos que arrancar de salida y en frío?)
Así que, como dicen algunos, me pasé toda la marcha “persiguiendo, persiguiendo” con la grupeta que formamos en el vagón de cola, pero con la tranquilidad de que el reloj nos lo habíamos dejado en el hotel y que íbamos a disfrutar del recorrido en su totalidad. Se trataba de usar la “calculadora” para poder acabar la marcha.
Este año la prueba se hacía en el sentido inverso a los años anteriores, vamos que en vez de Degollaos se podría haber denominado perfectamente “Los Soalloged”. Es broma… El cambio no se sabe muy bien porqué, quizás buscando una menor peligrosidad en los descensos. ¿Más duro que otros años? ¿Menos? Relativamente… aunque dicen que “los primeros” hicieron menos tiempo que en otras ediciones. También es cierto que en esta dirección perdíamos dos de los tres CIMAs con los que estaba jalonada la marcha original, con lo que quizás sí se pueda considerar “menos duro” este recorrido, aunque lo sigue siendo y mucho, y bello, más si cabe aún en este sentido, según la organización.
Fuimos muchos los que no nos libramos de los pinchazos –yo por ejemplo pinché bajando Majalinos- y es que lo difícil era no hacerlo, porque en el último grupo que formamos fuimos varios los que los padecimos, con lo que aún se complicaba más el poder enlazar con grupos más “delanteros”.
En mi retina han quedado grabadas numerosas y bellas estampas: el paso por el Parque Geológico de Aliaga “donde el valle se retuerce” con sus espectaculares relieves, dejando a un lado la fantasmagórica visión de la central térmica abandonada, el puente sobre el río Guadalope, que este año baja espléndido, en Miravete, pedaleando por los pinares del Maestrazgo, pasando por pueblos pintorescos como Fortanete o Villarluengo, colgado de una peña, subidas, largas bajadas como la de Cuarto Pelado, curvas, virajes, pasos por túneles naturales, carreteras sin tráfico, formaciones rocosas magníficas como las de los Órganos de Montoro –parada obligada para sacar algunas fotos-, sin olvidarnos de la gastronomía de la tierra:
-“Tengo ganas de llegar y comerme un buen jamón de Teruel regado con vino tinto del Maestrazgo” –me comentaba uno de mis acompañantes subiendo Degollaos, haciéndome la boca agua.
¿Por qué una marcha relativamente corta se hace tan y tan dura? Buena pregunta. Quizás sea por su dureza concentrada, aunque los puertos no lo sean en exceso, aunque ya sabemos que en éstos quizás pretendamos a ir a un ritmo mayor al que estamos acostumbrados. El verlos accesibles nos “obliga” más. En un puerto duro cambiamos el “chip” y ponemos nuestra marcheta y en los más asequibles quizás los queramos ascender más rápidamente. Si a todo esto le añadimos que la marcha no tiene un palmo llano –exagerando un poco-, lo podemos entender, con numerosas emboscadas como la de la travesía de Ejulve, ya llegando, la puntilla final. Suerte que en la Venta nos esperaban Roki, Andrés y sus muchachos que con sus abrazos nos agasajaban, como el padre que acoge a sus hijos perdidos.
¿Teruel? Una maravilla. El año que viene vuelvo y repito. Andrés, ¡ves calentando el café!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Órgano de Montoro, no órganos.

Jordi Escrihuela dijo...

No sé quien eres pero no te enteras ;-) El nombre oficial es Órganos de Montoro y no órgano.

De nada...